EL TEMPERAMENTO
 
 
 J. TUTUSAUS

BOLETÍN NÚMERO 16, Primer semestre 1996

 
La constitución somática, el temperamento y la inteligencia constituyen el substrato de la personalidad porque son elementos que se heredan, según afirma Gordon W. Allport.
 
Desde antiguo se considera al temperamento como la resultante del pre­dominio o equilibrio de los cuatro principales constitutivos de la perso­nalidad humana (cuerpo -esencia-, alma -psique-, sentimiento -movimien­to, vida- y mente -sustancia-).
 
Kretschmer, Sigaud, Allendy, Carton, Corman y otros autores, en sus estudios morfológicos, han subrayado las correlaciones psicofísicas. Sean cuales fueren los términos por ellos empleados, todos clasifican a los hombres en fuertes y débiles. La reacción del fuerte no es tan sólo una reacción de carácter, sino del cuerpo, una exaltación de la vitalidad (P. Tournier).
 
La doctora Stella Chess, profesora de psiquiatría infantil en el centro médico de la Universidad de Nueva York, ha estudiado, junto con su esposo Alexander Thomas, el "temperamento biológico natural", para comprobar si la propia naturaleza del niño reacciona con el ambiente para producir la personalidad. La revelación principal de sus trabajos puso de manifiesto que la biología heredada (temperamento, naturaleza, constitución y rasgos innatos) son el factor más importante de la perso­nalidad. La Dra. Chess comprobó que la naturaleza básica del niño, vista a partir de su nacimiento, dicta, a menudo, su conducta, y añade: "Si no se toma en cuenta el temperamento del niño, el maestro, el psicólogo y hasta los padres, pueden cometer equivocación en su crianza". Abundan­do sobre los factores hereditarios, el Dr. Cerdá, en Una Psicología de hoy, dice: "La emotividad, la persistencia, la actividad o la adinamia, están en parte relacionados con los factores hereditarios".
 
La constitución psicosomática individual provee un material constructi­vo sólido y permanente que siempre conserva una característica funda­mental inmutable y expresa la funcionalidad del ser y las causas de su comportamiento, resultantes de la herencia, en su doble punto de vista cinemático y dinámico. Por ello, Gross puede decir:  "La personalidad aparece como una tendencia dada por la naturaleza que se revela a medi­da que reacciona con el ambiente". Incluso un moderno y bien conocido psicólogo factorialista como Cattell llega a decir: "En los casos ideales, a cada cualidad en el sentido del análisis factorial corresponde una base biológica irreductible".
 
A pesar de todo lo dicho, es curioso que el pensamiento marxista no admite una determinación hereditaria porque considera que el hombre es el producto de las condiciones socioeconómicas. Tampoco los libera­les admiten el determinismo hereditario o el "fatum" del temperamento, porque les parece que limita la libertad humana.
 
Después de todo lo dicho, es posible ya avanzar una definición de lo que puede entenderse por temperamento, y ello en base a lo que indican los siguientes autores:
 
Gordon W. Allport define así el temperamento: "El temperamento está constituido por el conjunto de fenómenos característicos de naturaleza emocional de un individuo, entre los que se cuentan la sensibilidad a la estimulación emocional, su intensidad y velocidad de la respuesta habi­tual, su estado de humor preponderante y sus fluctuaciones, la suscep­ti­bi­lidad, etc., dependientes de la estructura constitucional heredada".
 
Para Corman, el temperamento expresa aquí las aptitudes nativas y, en par­ticular, el equilibrio entre las fuerzas de expansión y las de conserva­ción que, desde el nacimiento, regulará la evolución del individuo.
 
P. Brosson afirma que "el temperamento es un estado dinámico variable compuesto de energías físicas, bioquímicas y psíquicas, cuyo conjunto determina el ritmo vital propio de cada individuo, es decir, el comporta­miento de su vitalidad".
 
El temperamento se elabora en primer término alrededor de la afectivi­dad y depende de un regulador nervioso, el tálamo situado en la base del cerebro, el cual, asimismo, regula las glándulas de secreción interna o constitución bioquímica, que pone de manifiesto disfunciones de los sis­temas nervioso simpático y parasimpático, saturadas de una cualidad emo­cional constante que se mantiene casi invariable a lo largo de toda la vida. Cuando la corteza cerebral está perturbada aparece más pronto la emotividad y los sufrimientos. El individuo está sujeto a pulsiones, cóleras y agresividad.
 
La emotividad es la desproporción entre la importancia objetiva de un suceso cualquiera y la reacción afectiva con que responde el individuo.
 
Para Max Pulver las predisposiciones temperamentales fundamentales son las siguientes:
 
a) La vida sensible y afectiva; ritmo de los afectos.
b) Ritmo e intensidad psíquica.
c) Fundamentos de la actividad.
d) Propiedades afectivas.
e) Reactividad.
f) Inclinaciones múltiples del impulso del Yo (retención, defensa, etc.).
g) Reacciones autoconservativas (egoísmo, etc.).
h) Sensualidad. Impulsos sexuales.
i) Impulso de dominación (avasallamiento, amor propio, etc.).
 
Los procesos emotivos y cognitivos se fusionan en la personalidad for­mando un impulso integral movido por una energía que puede polari­zarse, dispersarse o dirigirse hacia algo que le sirve de satisfacción o la consecución de un fin. Hay impulsos que se orientan hacia el Yo o se alejan del Yo.
 
La sensibilidad es medida por la emotividad ante la conmoción del psiquismo y, sea la fuente de la conmoción interna o externa, es particu­larmente viva ante las frustraciones. La sensibilidad recibe o percibe los choques fisiológicos, afectivos y mentales generando y liberando una suma de energía que se traduce en emotividad. La sensibilidad es una fuerza si es dominada por el sujeto, pero es una debilidad si domina al sujeto; así la sensibilidad del emotivo queda reducida a cuanto concierne a él mismo. Es decir, el emotivo es un "sensible subjetivo".
 
De la sensibilidad y la emotividad se derivan igualmente los senti­mien­tos. El placer y el desagrado son la síntesis del sentimiento humano. El sentimiento está estrechamente unido al inconsciente, del que surgen las emociones que lo estimulan igualmente, así como reacciones que se proyectan hacia el exterior para realizarse, obedeciendo a las leyes del disfrute o búsqueda del placer.
 
El temperamento (emociones, sensibilidad, sentimiento e impulsos) está en relación directa con la personalidad; es decir, el temperamento fisio­lógico difícilmente puede separarse de la personalidad mental. También lo adquirido, aparte de lo heredado, tiende a conformar las células cere­brales. En fin, tanto lo innato como lo adquirido tienen, pues, un ori­gen cerebral.
 
Toda cualidad adquirida o característica desarrollada está inevitablemente contenida en germen en las predisposiciones temperamentales. El de­sarro­llo de las características germinales o de las predisposiciones fun­damentales puede ser logrado (social) o malogrado (asocial). Las predis­po­siciones fundamentales o temperamentales son ambivalentes, mientras que las propiedades o características psíquicas, tales como la simpatía, los celos, la constancia, etc., tienen, pues, una orientación social positiva o negativa (antipatía, etc.).
 
Hoy en día, se sabe que la personalidad está en gran parte condicionada por el temperamento, pero es preciso que la genética, la bioquímica, la neurofisiología y la endocrinología progresen aún más para conocer las verdaderas causas de las formas de comportamiento temperamentales.
 
Jerónimo Moretti, el pionero de la escuela de grafología italiana, es extraordinariamente innatista y da poca importancia al factor ambiental; todo lo atribuye al comportamiento psicosomático y, por ende, al gesto grafoescritural, por lo que llega a decir lo siguiente: "Me refiero a tendencias innatas, porque las tendencias modificadas no se revelan por medio de la grafología. (...) Puedo decir con extensa experiencia experi­mental que la base innata permanece siempre. Es cierto que la grafología entreve el contraste nacido de la educación, pero descubre que tal con­traste emerge de la predisposición".
 
La razón por la cual cada letra es ligeramente, pero siempre, diferente en forma y dimensión, se debe a que el sistema neurovegetativo está en continua fluctuación, ya sea por sensaciones mínimas internas, o bien por impulsos emotivos de mínima cantidad, casi inadvertidos, pero que tienen incidencia sobre nuestro sistema nervioso.
 
                                           
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