PRÓLOGO DE LA PROF. Mª LUZ PUENTE
AL LIBRO DE
Grafología y Diseño Gráfico Publicitario, Buenos Aires, Ed. Lasra, 206 páginas.
Esta
obra revela la capacidad innovadora de mi colega Manuel J. Moreno Ferrero,
Profesor colaborador de las especialidades de Pericia Caligráfica Judicial y
Peritaje Grafopsicológico de la Universidad Autónoma de Barcelona, promoviendo
la ciencia grafológica a nuevos ámbitos de aplicación que celebramos con esta neotérica
interdisciplinariedad que supone la aportación de las leyes y principios grafopsicológicos
al campo de la publicidad, y en especial dentro de la misma, al diseño gráfico
publicitario.
Si el
diseño consiste en la adecuación de la forma a la función de desempeño, sin
renunciar por ello a los requisitos de belleza y plasticidad, en publicidad
además, el diseño gráfico debe ajustarse
a su objetivo primordial: la promoción
y/o venta del producto; por tanto, el creativo tratará por todos los medios de atraerse
la atención del público mediante la fusión estética del mensaje publicitario (cuyo
discurso imbrica prestaciones del producto con anhelos, deseos y fantasías irrealizables
del consumidor) con el movimiento, la forma y color, constituyendo un prodigio de
efectos visuales que activan las potencias sensoriales desencadenantes de los
factores psicofisiológicos que impulsan a la acción consumista.
En palabras
de Francisco Viñals Carrera, Director de las Especialidades Grafológicas de la
Universidad Autónoma de Barcelona, desde
el punto de vista psicoanalítico, la publicidad utiliza especialmente el
“Pequeño Profesor” del Análisis Transaccional, es decir, creatividad, ingenio,
sutilidad y manipulación, con la ayuda
del “Niño Libre” del AT, y su capricho instintivo, temperamentalidad y
espontaneidad anárquica, sobre todo en
el “brainstorming” o “lluvia de ideas”.
El
mensaje visual se produce a nivel de icono,
como la fotografía (realidad observada), a nivel indicativo (donde se
necesita la deducción), como determinadas señales de tráfico, y a nivel
simbólico (símbolos codificados o signos alegóricos que van más allá de la
simplificación), emblemas de clubes, logotipos
de sociedades, grupos y empresas, etc. La composición de elementos visuales se
construye atendiendo a la profundidad (producto en primer plano sobre un fondo
claro), focalización (convergencia hacia un mismo punto), posición axial (el
producto ocupa el plano central del anuncio mientras el resto de elementos le
rodean de forma simétrica), y aparición secuencial (secuencia lógica que dirige
la atención visual al producto). Siendo los elementos gráficos del mensaje
publicitario decodificables a la luz de la Grafología, por ejemplo la combinación
de punto y líneas despiertan en el lector un amplio abanico de sensaciones
diferentes, desde curiosidad, sorpresa, y dinamismo hasta pasividad. El punto
actúa como origen, centro de atención y como fin; una sucesión de puntos
originará una línea y por lo tanto una direccionalidad. En nuestra cultura
occidental conviene no olvidar la secuencia arriba-abajo, izquierda-derecha y
la preeminencia de la línea diagonal de izquierda a derecha sobre la contraria.
La mancha en el diseño gráfico viene determinada por el texto y depende de la
tipografía, separación de caracteres y líneas, anchura, densidad, etc (todos
los parámetros de la grafología); con la mancha, se otorga a la composición
gráfica una gama de valores lumínicos: claros, oscuros, medios, aún siendo en
blanco y negro. El color ayuda al contraste claro-oscuro, cercanía-alejamiento,
calor-frío; y asimismo en la Grafología valoramos no sólo el tono de
configuración, el cual depende en mayor medida del escritor y no tanto del útil
inscriptor, sino también en el color de tinta habitualmente seleccionado,
trasladable asimismo a la grafología digital donde en la línea del autor de
esta investigación, he podido efectuar algunas
correlaciones con el test de Luscher.
En Psicodiagnóstico por la
Escritura vislumbrábamos ya con el Prof. Francisco Viñals algunos puntos
básicos de conexión entre la grafología y la arquitectura, ello ha contribuido
a que me sienta cercana a la temática magistralmente desarrollada por nuestro
distinguido compañero Manuel J. Moreno. Efectivamente, los profesionales del
diseño gráfico al igual que los arquitectos saben que cuando dos líneas se
cruzan, provocan la fijación de la
mirada o atención visual en el centro por la tendencia innata al encuadre, sin excluir el espacio contenido en caso de redondas ya que la curva sugiere al
ojo una inclusión de espacio, causando una sensación de limite o frontera entre
lo interno y lo externo, e induciendo la atención sobre lo abarcado dentro del arco;
ello se homologa con la Grafología, por la atracción que supone la curva: la
tendencia “ánima” de la seducción en sí, que incorpora
la redonda y los bucles; la pose
del arco que además de dar apariencia supone también un límite a la intimidad,
esto es, realza la forma y a la vez autoprotege. Si el cruce se produce entre curvas
y rectas, ya no existe fijación vinculada a la zona circunscrita dentro de las
curvas; se establece el punto central rompiendo el aislamiento entre los
espacios incluidos y excluidos en el arco. En este caso se comunica la atención
visual con espacios diferentes, la línea horizontal lleva a la mirada en esa
dirección de forma continuada y sin esfuerzo, la recta fragmentada o rota
quiebra la inercia del movimiento adaptativo del ojo y exige un esfuerzo y
fijación en la continuidad del movimiento visual. Ahora bien, la repetición de grafismos (figuras,
rasgos, movimientos, símbolos, etc.) discontinuos o armónicos, dada su
estructura rítmica compensada, produce la melodía, facilitando nuevamente la
mirada y el desplazamiento inercial del ojo,
lo que posibilita la distensión tal como ocurre con la música
(compensación entre alturas y espacios, equilibrio de sensaciones).
En figuras con ángulos, el centro manifiesto coincide con el
tácito, pues es el que surge al cruzar por ejemplo, las diagonales en un
cuadrado, pero en un círculo no existe tal centro manifiesto, al no concurrir fuerzas
contrarias; por ello se produce un movimiento global hacia el centro. De ahí la
atracción que interpreta la curva en Grafología y el rechazo o desplazamiento que
supone el ángulo, la cuchara recoge, el
cuchillo separa. Así también puede entenderse como en el círculo, el ojo se dirige
hacia el centro y si aplastáramos levemente el circulo, los dos centros de
tensión que aparecerían en los lados más angulosos provocarían el vacío en el
centro tácito, guiando la mirada hacia dichos polos; igualmente ocurre en el
entrecruzamiento de dos curvas, orientan el campo de visión hacia el punto de
encuentro.
Si un cuadrado lo llenamos de pequeñas figuras, éstas quedarán inmediatamente
relacionadas entre si, por lo que se establecerá un vínculo, que se percibirá especialmente
en el caso de extraer una de ellas fuera del cuadrado, advirtiéndose entonces
una tensión extraña provocada por esa exclusión
con respecto del conjunto; es como si dicha figura quisiera incorporarse nuevamente
al sistema. De ello también se deriva que los símbolos externos a un encuadre
tienen relación entre sí, só1o por su referencia a éste. Con todo lo anterior
no es difícil darse cuenta de la importancia de una letra en relación a una
palabra, a una línea, a una página, y los rasgos entre sí.
Existe un simbolismo arquetípico en la conciencia colectiva impreso
genéticamente en cada persona y, si estudiamos detenidamente estas leyes
geométricas, observaremos que no son más que un reflejo de la realidad psicofísica
del ser humano y de la existencia global. Así pues, el encuadre universal en
las dimensiones son coordenadas, y las
figuras o seres que se registran a si mismos como existentes en sí, se limitan
subjetivamente si no descubren su condicionada interrelación de substantividad
en función del marco referencial.
En conclusión, hay aportaciones decisivas en el análisis científico
de la publicidad que únicamente las puede otorgar la grafología y éste es el
gran valor de este texto, donde se
grafoanalizan las diversas modalidades de diseño publicitario aportándose los
mensajes significados latentes en su actuación en el inconsciente. Al hilo de
esta grafología del diseño hablaríamos de “mayúsculas” y “subrayado” para
referirnos a esta obra y su contenido,
mis felicitaciones por tanto al autor Manuel J. Moreno Ferrero pues su éxito
está garantizado.
Mariluz Puente Balsells
Coordinadora de
Peritaje Grafopsicológico
de la Universidad Autónoma de Barcelona