Master en Grafística, Grafopatología y Grafología Forense de la Universitat Autònoma de Barcelona

 

 

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EL PAPEL DE LA GRAFOLOGÍA ENTRE LAS CIENCIAS

                              (II y última parte)

                                                                                 

 

                        

                                                                                          J. TUTUSAUS

BOLETÍN NÚMERO 14, Primer semestre 1995

 

 

            En la apologética de la grafología como ciencia, es necesario reite­rar conceptos relacionados con la epistemología, las ciencias humanas, la psico­logía, la evaluación estadística, la definición y finalidad de la ciencia, los tests y las limitaciones de la propia grafología. Por tanto, no será de extrañar la aparente mención reiterativa de argumentos parecidos a los expuestos en la primera parte de este trabajo.

 

            Puede definirse por Ciencia el conjunto de conocimientos exactos y razonados, o un cuerpo de proposiciones sistematizadas y rigurosamente re­lacionadas entre sí, acerca de un dominio determinado de objetos y fenóme­nos que son susceptibles de demostración por medio de hipótesis o teorías no dogmáticas independientes de toda aplicación y abiertas a la posible refu­tación y a la verificación del "falsificacionismo".

 

            No obstante, la ciencia sin método se convierte en una mera acumu­lación de datos inconexos sin un sistema racional de conocimiento. Este mé­todo consiste en la observación fenomenológica, la verificación de los fenó­menos observados y el control y aplicación de los resultados obtenidos.

 

            El método inductivo, que parte de la observación experimental a lo general, la determinación de leyes de la naturaleza (humana), la construc­ción de "une langue bien faite" (Condillac), la investigación cualitativa (Weiszacker, Heitler, Portmen, Lorenz) y el uso de analogías y metáforas, son enfoques serios que nos acercan a la consideración de la grafología como ciencia. En efecto, la ciencia no puede prescindir de su dimensión humanis­ta (versus una mera tecnología), la ciencia crea leyes, pero no las explica y la investigación exclusivamente cuantitativa nos lleva a un concepto unilateral de la ciencia. Por otra parte, no hay que olvidar que muchas deducciones analógicas se apoyan en analogías tomadas de la biología, la psicología y ciencias afines, pues la metáfora es con frecuencia un sustituto del conoci­miento directo. Por ejemplo, la teoría de la evolución se basa mucho en una cierta "teoría de homología". Las metáforas, asimismo, facilitan establecer nuevas analogías con el objeto estudiado, lo que permite descubrir en él aspectos nuevos.

 

            La grafología, como cada ciencia, requiere su propio corpus episte­mológico y métodos o procedimientos característicos. Los métodos grafoló­gicos tienen un carácter hermenéutico, o sea, interpretativo, pretendiendo la verificación puntual de cada afirmación, al igual que en el psicoanálisis, la ciencia histórica o en la sociología (E. Agazzi). En la grafología, como cien­cia humana, la dimensión cuantitativa "objetiva" se acompaña siempre de la dimensión intuitiva "subjetiva" (Galeazzi).

 

            En la grafología se opera, como en la psicología, con las relaciones motivacionales, lo instintivo-interpretativo y lo intuitivo-cualitativo, al con­trario que en las ciencias naturales, que se exige lo empírico-cuantitativo y lo cuantitativo-demostrativo.

 

            La grafología es ciencia humana, así como ciencia de la expresividad y de la comunicación: gestos, postura, mímica, voz, ritmo, etc., y para "de­codificar" sus múltiples significados utiliza el lenguaje analógico más que el lenguaje digital.

 

            La moderna epistemología se puede aplicar con todo derecho a la "ciencia grafológica", al igual que se hace con las demás ciencias humanas: sociología, pedagogía, psicología, etc., ciencias con las que la grafología se relaciona formando una cierta simbiosis, pues igualmente se nutre de elemen­tos de síntesis de la personalidad aportados por ellas, a las que podemos añadir la antropología, la psiquiatría, la caracterología y la tipología. De ahí el carácter abierto, transnacional, interdisciplinario, autónomo (a la vez que dependiente), intersubjetivo y comunicable de la metodología grafológica.

 

            La intuición, que no la corazonada, interviene en toda actividad cien­tífica, principalmente en la elaboración de teorías que permiten la bús­queda de lo singular y, a veces, de lo inexpresable en los objetos. En otras palabras, la intuición, sin prescindir de los principios generales, los ilumina y sobrepasa creativamente.

 

            La intuición polítropa o versátil es un conocimiento que penetra el conjunto contextual aprehendiendo la razón íntima que produce la coheren­cia, la naturaleza de los componentes y armoniza simultáneamente el análisis y la síntesis, el arte y ciencia y la técnica e inspiración (Piergallini).

 

            En el ámbito grafológico, la observación objetiva del movimiento e impulso vital de la escritura en unión de la penetración psicológica subjetiva (intuición) equilibra las valoraciones a fin de excluir las interpretaciones e inferencias erróneas.

 

            La grafología, respecto de otras ciencias, tiene peculiaridades pro­pias que le confieren un carácter especial:

 

a) su metodología es autónoma y original a pesar de utilizar termi­nologías de otras ciencias humanas

 

b) en cuanto a la envergadura de sus resultados es amplia, a pesar de la estrechez de sus objetivos (Delamain)

 

c) determina un peculiar papel profesional y una competencia especí­fica

 

d) examina los más profundos niveles de estructura psicológica y los aspectos más sutiles de la personalidad

 

e) ofrece una mejor apreciación posible de los aspectos globales de la personalidad (Gubser)

 

f) elabora sus tipologías propias, e incluso alguna teoría de la perso­nalidad, sin pretender ser una escuela psicológica más

 

g) no necesita filmaciones, pues la escritura se trata del único acto humano expresivo que queda fijo e intacto en el momento evanes­cente de ser vivido, guardando su ritmo expresivo y vital

 

h) determina el "terreno caracterial" en relación con los factores morales del sujeto

 

i) conjuga los movimientos-tipo con los medios de la caracterología (Lecerf).

 

            Según el profesor Ramon Sarró, muchos de los términos que utiliza la psicología están emparentados con el lenguaje precientífico, mucho más de lo que ocurre con la física. Por ello, se le atribuye la subjetividad de la "casi verdad", aunque es lo propio de las ciencias humanas. Debiera hablar­se de "ciencias psicológicas", dada la estructura múltiple de la psicología común, la cual tiende a estudiar los rasgos comunes a todos los humanos, olvidando que la vida humana no es uniforme, sino que muestra rasgos indi­viduales diferenciados, los cuales recoge y estudia con provecho la caracte­rología.

 

            Dado que siempre se pretende validar la grafología mediante tests, es menester hablar de ellos, sin que signifique que no tengan su lugar y su importancia en las anteriormente denominadas "ciencias psicológicas".

 

            La grafología, según Murphy, es el más antiguo de los tests, si bien no se trata de una prueba estandardizada ni estandardizable, pues el test con­vencional exige unas condiciones de aplicación idénticas para todos los indi­viduos a comparar.

 

            La grafología no suple los tests ni viceversa, ya que la complejidad de la personalidad exige la utilización de todas las técnicas disponibles para su mejor conocimiento.

 

            La escritura muestra tendencias, mecanismos e interacciones, pero no mide, es verdad, el resultante de un comportamiento observado, que no siempre es indicación auténtica de lo que puede esperarse de un individuo en una situación profesional normal por tratarse de situaciones artificiales en la elaboración de los tests, cuyos resultados son estáticos, en tanto que la es­critura es natural y dinámica y, por tanto, establece probabilidades de reac­ción.

 

            Como dice Pierre Pichot (1959), todos los creadores de técnicas proyectivas han bebido en las fuentes de las obras de grafología, que entran, dice, dentro del "pensamiento pseudocientífico"... De ahí surge el error de que la grafología puede tratarse de un test proyectivo. Debemos insistir en que no es así por las siguientes razones:

 

1. El sujeto que escribe no da respuestas a estímulos recibidos del exterior.

 

2. Los estímulos que originan las pruebas proyectivas son ambiguos (Shneidwan).

 

3. Las pruebas proyectivas penetran estructuras tan profundas que difícilmente se puede interpretar a través de ellas el comportamiento diario y concreto, como sucede con la grafología.

 

4. Al sujeto que escribe no se le presentan situaciones estandardiza­das para que proyecte sus reacciones.

 

5. Las respuestas de los tests proyectivos son variadas, sin distin­guir entre buenas o malas respuestas. La escritura retiene siempre unas constantes peculiares.

 

            Es por ello que cabe afirmar que la inclusión de la grafología entre las "ciencias psicológicas", o los tests proyectivos, o no, sería visto con razón como un anexionismo reduccionista que rebajaría la grafología al nivel de un test más, el cual, por causa del reduccionismo, rendiría, por otra par­te, magros resultados.

 

            La grafología posee sus principios, terminología, sus clasificaciones, su técnica y sus interpretaciones del movimiento expresivo, que, en sus múl­tiples aspectos, resultan similares en las distintas escuelas. No es ningún secreto que la grafología, como cualquier otra ciencia, se basa en la plau­sibilidad del nexo causal, pero uno de sus métodos más nucleares es el que se asimila al método clínico, pues la grafología es una técnica diagnóstica en cuanto a su aplicación práctica se refiere. Philip E. Vernon (en unión con Allport) decía que "como sea que todos los métodos de diagnóstico (tests objetivos, proyectivos, etc.) no han logrado proporcionar un resultado tan práctico o más riguroso que los métodos elementales que solemos utilizar para entender a las personas en la vida cotidana, es por lo que se hace im­prescindible que todos los medios de expresión sean usados (dibujos, garaba­tos, escritura, etc.). La escritura -dice- es uno de los medios de expresión más importantes, porque provee un material genuino, sin error de origen y sin construcción artificial previa, por lo que tiene que ser objeto de un estudio lo más racional posible en tanto que técnica de observación expresi­vo-motora y aperceptivo-dinámica".

 

            El método clínico empieza por las características o relaciones que "reclaman la atención" para distinguir las desviaciones personales de lo nor­mal antes de realizar calificaciones, porque es natural que se tome como punto de partida aquellas características en que mayor énfasis alcanza el movimiento. Este método comprende estimaciones subjetivas controladas por los conocimientos que se poseen respecto a los procesos psíquicos del hom­bre y no por meras opiniones basadas en "impresiones intuitivas". El grafó­logo procede de la misma forma.

 

            La escritura no puede compararse a un instrumento de medida de la personalidad (tests), por cuanto es un modo de expresión de la misma. Se ha pretendido impugnar la fiabilidad de la grafología a base de mediciones esta­dísticas. Los resultados no siempre han sido los mismos como, por ejemplo, indicaron Allport y Vernon en Studies in expresive movement: "Nuestros resultados muestran que los gestos y la escritura de una persona presentan como esencial un estilo individual estable y constante".

 

            Debemos afirmar que cientos de tratados, comunicaciones y estudios grafométricos han sido publicados en Europa, principalmente en Francia y Alemania, tanto por grafólogos como por grafólogos-psicólogos, o bien psi­quiatras, neurólogos y sociólogos a la vez, con resultados de alta validación del carácter científico de la grafología seria.

 

            No obstante la medida cuantitativa de los fenómenos humanos, no se les puede aplicar métodos cifrados por tratarse de signos de la vida mis­ma. El epistemólogo Marhaba, profesor de Historia de la psicología de Padua, dice al respecto: "La tendencia a la supercuantificación es una espe­cie de estadisticolatría en la que incurre la psicología; ¿por qué tiene que caer la grafología en el mismo error?".

 

            La medida cuantitativa de los fenómenos humanos encierra peligros de limitación, reduccionismo, generalización y parcialidad. El psicoanálisis y la psicoterapia, que se consideran válidas, son anteriores a cualquier vali­dación científica y nadie les reclama cualidades métricas o validaciones téc­nicas, sin darle, por otra parte, mucho crédito a las múltiples críticas que ha recibido...

 

            Las validaciones entre interpretación grafológica y las variables de la personalidad dependen tanto de la precisión de la definición psicológica como de la objetividad de los criterios de interpretación a adoptar. En cual­quier caso, si los resultados fracasan, ello se debe al mal planteamiento del experimento, o a al incompetencia del grafólogo en su propia misión y en su desconocimiento de la técnica psicológica a utilizar. El fracaso puede ser doble: el de los "jueces" y el de los grafólogos, pero nunca puede atribuirse a la psicología o a la grafología en sí mismas.

 

            B. Wittlich afirmaba: "No medir, sino sospesar". En efecto, para el grafólogo, el uso de adverbios tales como "algo", "poco", "bastante", "mu­cho", "en exceso", etc., permite precisar el grado de intensidad de tal o cual cualidad, lo cual equivale, si se quiere, en el fondo, a una cuantificación aproximativa numérica.

 

            Con todo, cualquier experimento de validación o comprobación esta­dística tiene que llevarse a término por especialistas que entiendan o conoz­can bien la grafología, o bien por grafólogos que tengan otras especialidades en relación con el experimento, el cual debe llevarse a cabo a nivel de:

 

                        a) síndromes gráficos, y/o

                        b) interpretaciones contextuales, o

                        c) variables gráficas complejas.

 

            No hay que obviar las limitaciones que, como toda ciencia, posee la grafología actualmente. A continuación nos permitimos detallar sucinta­mente las principales limitaciones que honestamente hay que tomar en cuen­ta:

a) Cada persona tiene un canal preferente de expresión; para algunas personas, la escritura no es el canal más saturado de significado.

 

b) No hay siempre sincronización entre evolución psíquica... y mo­dificaciones de la escritura; el que escribe puede tener la intuición de superar sus defectos, pero no con tanto progreso para que los venza completamente en la vida cotidiana (J.-Ch. Gille).

 

c) Determinados cambios de conducta no se manifiestan enseguida en la escritura por aferramiento a los movimientos habituales para ocultar, consciente o inconscientemente, los cambios...; pueden exis­tir casos, no obstante, en que las transformaciones futuras toda­vía no realizadas se manifiesten antes en la escritura (A. Teillard).

 

d) Muchos trastornos a causa de enfermedades pueden manifestarse antes de su diagnóstico clínico, o bien la deformación gráfica puede producirse bastante tiempo después o, incluso, puede no manifestar­se repercusión alguna en el grafismo, salvo en el estado anímico.

 

e) La medición de los rasgos gráficos no siempre refleja la intensi­dad de los equivalentes rasgos del carácter.

 

f) La expresividad de la escritura puede quedar velada por la ansie­dad o disimulación compensadora y las defensas del Yo, sin que ello deje de impedir interpretaciones exactas, interesantes y suficientes.

 

g) No se infiere destreza manual de una escritura ya desenvuelta o torpe; es difícil conocer grafológicamente las aptitudes psicomotri­ces.

 

h) El descifrado de ciertos signos particulares no revela los caracte­res sexuales; sólo la interpretación del grafismo total integra dichas particularidades, aunque hay que ser extremadamente prudente.

 

i) La malformación de la escritura, en los niños, puede reflejar una falta de madurez afectiva con sus consiguientes conflictos, pero lo inverso no es cierto: todos los problemas afectivos no demuestran una escritura de formación torpe (J. Peugeot).

 

j) A veces es difícil obtener datos de orden caracterial debido al pre­dominio de aptitudes intelectivas sobre las tendencias afectivas (Gobineau-Perron).

 

k) La escritura presenta potenciales y predisposiciones latentes que contrastan con el comportamiento real y cotidiano de la persona, que hacen que ésta pueda considerar el análisis grafológico como inco­rrecto; en todo caso, el grafólogo no se ha sabido explicar o el ana­lizado lo ha malinterpretado (Rudolf S. Hearns).

 

l) De una escritura con componentes pueriles no se debe inferir falta de inteligencia, pero sí que se puede afirmar en una escritura de un niño que es inteligente si hay componentes de autonomía adulta.

 

m) La neurosis a través de formaciones reactivas, así como la regre­sión y los mecanismos de compensación falsean la conducta, enmas­caran las debilidades o reprimen las tendencias naturales y aptitu­des latentes, dando lugar a escrituras "trampa", cuyos autores se condu­cen de modo distinto a como se comportan en la vida profesional, personal o familiar.

 

            En fin, la grafología, mediante una "ley de condensación", expresa con gran simplificación y síntesis los más sutiles rasgos de la personalidad mediante una serie no excesiva de variables, signos o características gráficas catalogables y específicamente estudiadas. De ahí la gran polivalencia teórica de todo signo, por lo que como ciencia no es fácil ni está al alcance de cual­quier aficionado irresponsable. Una misma conducta puede deberse a diver­sas causas y la misma personalidad puede seguir conductas diferentes. En otras palabras, una característica exterior de una persona puede correspon­der a fórmulas psicológicas distintas u obedecer a razones diversas, lo cual com­plica el panorama diagnóstico.

 

 

 

 

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