ICG  Instituto de Ciencias  del Grafismo /Seminario sobre grafopsicología de la firma / Introducción A. Vels

 

 

 

 

 

Introducción de Augusto Vels

 

Prescindiendo de todo simbolismo o significado psicológico, la firma viene a ser como una "marca" o "sello" personal, como un distintivo o escudo heráldico que nos representa, que da fe de un acto, que nos responsabiliza ante una actitud tomada o ante un compromiso adquirido y afirma nuestra voluntad de SER o de TENER. Firmar es confirmar nuestra existencia como individuos responsables y jurídicamente aptos para tomar decisiones. Es una afirmación de nuestra personalidad ante los demás y ante nosotros mismos.

En la firma imprimimos lo que creemos que somos, o lo que pretendemos crean los demás que somos. Por tanto, la firma es portadora de nuestros valores reales y de nuestros valores "representados", es decir, revela lo que "queremos representar" y lo que realmente somos, y si bien el texto suele reflejar la modalidad de comportamiento que exhibimos socialmente en las relaciones con los demás, en la vida social y en el trabajo, la firma revela preferentemente la forma como elaboramos nuestra conducta y las pulsiones que sirven a la intención que lleva nuestra manera de obrar o nuestras posibilidades de acción.

La firma es un elemento del grafismo que puede servirnos muchas veces como clave para descubrir el origen de nuestros actos, el sentido de nuestro comportamiento. y por eso no debemos descuidar la firma cuando tratamos de explorar el nivel de autenticidad, de sinceridad, de equilibrio moral y psíquico y el nivel comparativo entre "el querer SER" y "el verdadero SER", entre la ambición y los logros.

Hay que tener en cuenta que todo firmante intenta presentar a los demás aquella parte de sí mismo más aceptable o que vale más e intenta camuflar u ocultar aquella parte de su ego más sensible a un ataque o que, de alguna manera, piensa que no va a gustar.

 

Así pues, bajo el punto de vista psicológico, con la firma mostramos nuestra "autoimagen", el concepto que tenemos de nosotros mismos, verdadera clave de la personalidad y de la conducta. Efectivamente, nada mejor para conocer la "autoimagen" de una persona que el estudio de su firma. La "autoimagen" es el conjunto de experiencias que hemos ido archivando en nuestra memoria Inconsciente a partir de nuestra relación con la madre en las primeras etapas de la vida (fase oral, anal, uretral, etc.) seguido del resto de impresiones de éxito, fracaso, aceptación, rechazo, etc. que se han ido produciendo en nosotros a lo largo de la existencia. Con todas estas experiencias, especialmente las de la infancia, hemos formado mentalmente un "ser", o el cuadro representativo de un ser. Todos nuestros actos, nuestros sentimientos y nuestra conducta se encuentran condicionados a esa autoimagen, a ese concepto que nos hemos formado de nosotros mismos. Actuamos en la vida de acuerdo con la clase de persona que creemos que somos.

Hay individuos que, según su autoimagen, disponen de una gran fe y confianza en si mismos y muestran un claro impulso a alcanzar metas u objetivos más o menos cerca- nos, luchan en pos de sus deseos y se comunican bien con los demás. Otros individuos, poseídos por una autoimagen de fracaso, pese a sus buenas intenciones, a su fuerza de voluntad, inclusive a las oportunidades que caen en sus manos, siempre encuentran un modo de fracasar. Finalmente tenemos otro tipo de sujetos que, inspirados por una auto imagen que sobreestima los propios valores en su afán de supercompensar las propias lagunas, parece que marchan por la vida, no sólo creyéndose muy importantes, sino sintiéndose portadores del derecho a toda clase de privilegios, de reconocimiento, de admiración y de interés por parte de los demás, incluso pretendiendo que "todo el mundo" debe estar a su servicio. Esta creencia de que, en algún aspecto o en todos, se es superior a los demás (defensa contra sentimientos de inferioridad) produce un tipo de personalidad muy susceptible a las críticas, a los impedimentos y a las pequeñas contrariedades, de donde las frecuentes reacciones de irritabilidad y resentimiento de estos sujetos.

 

Con estos tres tipos de autoimagen, tenemos ya una amplia base para interpretar las diferentes modalidades de la firma en cuanto a su dimensión, emplazamiento, dirección, presión, rapidez, etc.

 

Si bien la firma traduce, en la altura de las letras, el concepto autoestimativo, es decir, la autoimagen o idea que el sujeto se ha formado de si mismo y en la extensión horizontal la magnitud de su impulso expansivo hacia el mundo, la amplitud de horizontes que quiere abarcar, el emplazamiento y la relación que la firma mantiene con el texto nos indicará el nivel de equilibrio entre el "ser" y el "tener", entre el yo y el mundo exterior.

 

Se da por supuesto que el aspecto presión, en sus diversas modalidades (tensión, dureza, profundidad, peso, relieve, etc.) nos indicará el grado de energía de que está provisto cada sujeto, la fuerza que dispone para mover sus impulsos del ego para mantener las motivaciones, afirmar la personalidad y crear los medios de expresión y realización para alcanzar sus objetivos,

 

Los demás aspectos y subaspectos de la onda gráfica, tampoco deben ser olvidados (dirección, rapidez, continuidad, etc.) si queremos obtener un psicodiagnóstico completo en el estudio comparativo firma-texto. Por ejemplo, el predominio del aspecto "forma" (firma de letras bien estructuradas permite valorar el ego del escritor como "persona" (en el sentido junguiano ) que quiere mantener, por encima de todo deseo, impulso o necesidad, los aspectos favorables al prestigio, a la categoría social, es decir, las señales externas que inspiren respeto, aprobación, autoridad, posición económico-profesional, etc. El sujeto concede gran valor a las apariencias exteriores y su comportamiento sigue los patrones de conducta convencionales exigidos en su medio ambiente y según su función social.

 

Por el contrario, aquellas firmas en que predomina el movimiento sobre la forma (ver figs. 235, 239 Y 248 de la obra Escritura y Personalidad, Ed. Herder)  expresan generalmente una buena madurez de pensamiento, sentimiento y acción que permite al sujeto moverse en su ambiente, sea con una confianza más o menos plena en si mismo y en su capacidad de improvisación para reaccionar a las diversas situaciones de la vida (buen dominio de las realidades externas), por lo que el sujeto no necesita apoyo en los patrones de conducta convencionales, o en la opinión de los demás; sea porque el descontento de si mismo (autoimagen negativa) le incline a la tendencia a evadirse de aquellas situaciones, compromisos, contingencias, etc. en donde la pobreza del concepto de si mismo pueda quedar en evidencia. En otros casos, según el ambiente gráfico que presente el texto, puede indicarnos tanto la prisa del sujeto por abreviar el tiempo disponible (caso frecuente, por ejemplo, en directores y bancarios que tienen que firmar muchos documentos y atender otros asuntos importantes), como la prisa en sacudirse de encima todo exceso de ansiedad o de excitaciones molestas que rebasan los límites que el sujeto es capaz de aguantar, como ocurre en sujetos impulsivos cuyos instintos del ego velan por la protección del equilibrio interior.

 

En general, el predominio de la "forma" sobre el "movimiento" expresa la tendencia a apoyarse en factores externos (costumbres, convencionalismos, normas, reglas, métodos, criterios generales, etc.) para andar por la vida. Estos patrones pueden ser educacionales, religiosos, estéticos, científicos o de cualquier otro orden. El sujeto ve en ellos la única seguridad, por lo que trata de permanecer adicto como salvaguarda de su vida e intereses personales.

 

El predominio del "movimiento" sobre la "forma" o estructuración fiel de las letras en la confección de la firma, indica que el sujeto no se siente "cómodo" dentro de los patrones habituales de conducta y, por tanto, actúa de alguna manera rompiendo las reglas, saltándose los semáforos e impidiendo que las "limitaciones" corten su libertad de acción y de expresión, su forma diferente de ver las cosas o de realizarlas. Lo mismo puede tratarse de un artista o de un científico original y creativo que intenta encontrarse a si mismo en nuevos campos de acción y pensamiento; que puede tratarse de una liberación o rebelión frente a todo concepto de autoridad, norma, disciplina o canon que el sujeto no quiere o no puede aceptar. En este último caso entran todas las interpretaciones posibles, desde aquellos sujetos que eligen el lado social negativo (delincuentes, enfermos con somatizaciones, activistas conflictivos, etc.) hasta los que, simplemente, carecen de un crecimiento y aprendizaje adecuado a las necesidades del ambiente y de la profesión.

 

Otro aspecto básico a tener en cuenta en la firma es el simbolismo inconsciente del nombre y de los apellidos. El nombre es la palabra con mayor contenido emocional que poseemos. Depende mucho el eco que puede tener dentro del concepto de nosotros mismos, la forma cómo ha ido siendo pronunciada esta palabra por la madre desde los primeros momentos de nuestra vida. El cariño (grado de ilusión, de afecto o de mimo) que empleó la madre al pronunciar el nombre de su hijo, será más tarde la causa de la magnificación, reducción o supresión del nombre en la firma.

 

Cuando nuestro nombre está asociado a recuerdos infantiles positivos (reflejo de que hemos sido tratados y aceptados con grandes muestras de amor y de ternura) es lógico que destaque el nombre en la firma. Por el contrario, cuando está asociado a experiencias frustrantes o dolorosas (madre poco afectuosa, trato discriminativo, postergación por la llegada de un hermanito, etc.) el nombre decrece, aparece ilegible o poco claro o se evita reduciéndolo a la inicial.. Por tanto, resumiremos diciendo que el nombre, en la firma, indica la importancia que tiene o ha tenido el sujeto dentro de su ambiente familiar.

 

El primer apellido, que nos representa socialmente, está ligado al modo cómo sentimos la imago del padre y a  la forma cómo hemos sido tratados por éste. Si la admiración por el padre es elevada el sujeto le imprimirá tanto énfasis (volumen) como notable sea su imago paterna. Lo contrario también es cierto: le quitará tanto volumen al apellido como desafecto o desinterés inconsciente le produzca su imagen o recuerdo. Sin embargo, esto no es siempre así. Cuando pese a la imagen que el sujeto pueda tener de su padre, ha llegado por si mismo al éxito social o profesional, el apellido puede registrarlo en forma enfática. También puede disminuir por el efecto moral de fracasos, abandono del cónyuge, situaciones de paro, pérdida de prestigio, sensación de impotencia o declive., etc.

 

El segundo apellido nos representa socialmente en relación con la madre. Tanto si la madre ha sido amorosa y tierna, como si socialmente tiene un rol importante del cual el sujeto se enorgullece, el apellido materno adquirirá la importancia que el sujeto le atribuye afectivamente. Ahora bien, puede ocurrir lo mismo cuando el sujeto, pese a ser adulto, no ha liquidado su complejo de Edipo, es decir, cuando aún vive fijado a la madre. Lo fundamental para una buena evolución del carácter no es sólo el hecho de haber sido amamantado correctamente por la madre, sino también que la madre haya sabido impregnar al niño de fe y confianza, pues de este trato inicial entre la madre y el hijo, dependerá la actitud de seguridad, confianza y decisión que tendrá el adulto para enfrentarse con el mundo y luchar contra. sus dudas, ansiedades y complejos de culpabilidad en su derecho a obtener lo que quiere o lo que necesita, es decir, el derecho a recibir, a alcanzar o a tomar lo que le corresponde. Por esta razón, es importante tener en cuenta en la firma el espacio dimensional que ocupa el propio nombre y el apellido de la madre, reveladores del índice de madurez del carácter.

 

Lo normal será una igualdad relativa en las dimensiones y en el espacio ocupado por el nombre propio y los dos apellidos, o en todo caso un ligero aumento de .la dimensión y del espacio que ocupa el primer apellido (simbólicamente relacionado con los logros profesionales y sociales alcanzados).

 

El contacto con la realidad y con el propio cuerpo (modo de desenvolverse la onda gráfica en la base. de la zona media y grado de longitud, amplitud y energía de los movimientos en la zona inferior) pondrá de manifiesto el nivel de fe y enraizamiento que tiene el sujeto en su contacto con la realidad, es decir, nos revelará el modo de ganarse la vida, el modo de luchar en una sociedad competitiva y la imagen que tiene el sujeto del mundo que le rodea. Dicho de otro modo: interesa saber si el sujeto vive de realidades o de ilusiones.

Con esta introducción, creo que hemos sentado unas bases más o menos sólidas para iniciar el 'estudio, en detalle, de la firma.

                                                                                                                                                                       Augusto Vels

 

 

        

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Universitat Autònoma de Barcelona

Master en Grafoanálisis Europeo, UAB - Master en Criminalística, UAB

 

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