Master en Grafística, Grafopatología y Grafología Forense de la Universitat Autònoma de Barcelona

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SEMINARIO DE PSICOPATOLÓGICA CLÍNICO-GRAFOLÓGICA
SEMINARIO DE GRAFOANÁLISIS INFORMATIZADO

 

                  HERENCIA, CONSTITUCIONALISMO Y TIPOLOGÍAS

 

                                                                                                                                                        J. TUTUSAUS

BOLETÍN NÚMERO 7, Año 1991

                En los medios grafológicos se suelen utilizar tipologías temperamentales y caracterológicas con cierta profusión para dar coherencia a los rasgos observados y profundizar la personalidad del analizado. Muchas de las tipologías se superponen con gran aproximación, lo cual es exponente de que unos pocos elementos de origen se mezclan formando aleacio­nes básicas. Pues bien, esta posición y el uso de ta­les tipologías, cualesquiera que sean, han sido prác­ti­camente abandonadas por la psicología como cosas pasadas de moda o de poca utilidad, principalmente pa­ra el que sigue el psicoanálisis, el conductismo u otra corriente moderna más o menos humanista, si cabe, exceptuando a Maslow, quien supone que "todo lo que revela la terapia del descubrimiento es muy probable­mente constitucional, temperamental o genéticamente intrínseco al organismo; es decir, que su esencia, su realidad más profunda, viene dada biológicamente. (...) El ser humano posee una naturaleza interior esencial, de tipo instintivo, intrínseca, dada "natu­ral"; es decir, con un grado de determinación heredi­taria apreciable y que tiende fuertemente a persis­tir".

 

                ¿Por qué hemos reseñado una cita tan larga, relacionándola con las tipologías? Bien sencillo, todas las tipologías clásicas y sus derivadas parten del origen genético, constitucional, o sea lo que llamamos estrato básico, terreno o temperamento, sobre el cual interaccionará el ambiente ejerciendo una indudable influencia.

 

                También se han utilizado con profusión las llamadas tipologías clínicas (anascástico, depresivo, ansioso, etc.), habiendo olvidado en parte la teoría de Szondi según la cual todos llevamos, como mínimo, una leve patología y que su "tipología" es más exten­sa, antigua y, si cabe, más completa. En el área an­glosajona se ha abandonado el szondismo por falta de objetividad, dicen, y por no querer admitir la teoría del rechazo, aceptación o indiferencia instintivos de los tipos patológicos por el mecanismo de la proyec­ción ante las fotografías propuestas, lo cual les llevaría, de algún modo, a aceptar la Morfología de Corman, de lo cual están muy alejados.

 

                John Locke supuso que la mente del individuo al nacer era una "tabula rasa" y el intelecto mismo era algo pasivo que adquiría contenido y estructura sólo a través del impacto de la sensación. Este punto de vis­ta ha sido y es hasta ahora dominante en la psicología anglo-americana. Sus representantes se encuentran en cualquier tipo de asociacionismo, incluyendo los sos­tenedores del ambientalismo, del conductismo, de la psicología del estímulo-respuesta y todas las otras psicologías orientadas en términos de psicología animal en los modelos matemáticos; en una palabra, en la mayoría de lo que actualmente se considera como psicología verdaderamente "científica".

 

                Freud mismo no tenía prácticamente nada que de­cir respecto a las diferencias individuales de capaci­dad o estructura, o respecto a la naturaleza de las diferencias del temperamento humano. Modernamente, por ejemplo, Maslow dirá al respecto: "...ayudar a alguien a avanzar hacia la plena humanidad pasa inevitablemen­te por el camino de la toma de conciencia de la propia identidad; (...) una parte muy importante de esta ta­rea consiste en tomar conciencia de lo que se es, bio­lógica, temperamental y constitucionalmente, de las propias facultades, deseos y necesidadas y también de la vocación, capacidad y destino propios". Estas últi­mas palabras nos recuerdan la teoría del destino de Szondi.

 

                Ya es hora de que el péndulo retroceda de una exclusiva preocupación por las causas sociales y am­bientales hasta una apreciación y comprensión adecuada de las causas biológicas. Las corrientes psicosocioló­gicas o psicomarxistas gastan mucho tiempo en hablar de los condicionamientos sociales y económicos redu­ciendo sus argumentos a puras obviedades, ya que las hipótesis genéticas, o del temperamento heredado, pue­de que no sean agradables para aquéllos que desean cambiar la faz del mundo mediante la modificación del ambiente sin tomar en cuenta la naturaleza humana.

 

                Cattell considera que los personólogos de hoy han descuidado los aspectos hereditarios de la perso­nalidad, por lo que se acentúa la estructura de la personalidad en relación al pasado biológico.

 

                Eysenck descubrió en el viejísimo sistema de clasificación de Hipócrates y Galeno las causas biológicas como base de los conceptos de emoción, excitación e inhibición. Eysenck afirma que en el individuo difieren las tres características siguien­tes:

 

                1.Velocidad o celo con que se producen en el sistema nervioso la inhibición y la exci­tación.

 

                2.Velocidad con que se disipa la inhibición en el sistema nervioso.

 

                3.Fuerza de inhibición y de la excitación producidas.

 

                Asimismo, Cattell define el "ergio" como "una disposición psicofísica innata que permite a sus poseedores cierta reactividad a cierta clase de obje­tos e iniciar un curso de acción que cesa en una meta específica (sexo, miedo, protección de los padres, aserción, curiosidad, etc.).

 

                Respecto a la "naturaleza interior esencial", Maslow distingue:

 

                1. Necesidadas instintivas básicas,

                2. Equilibrio temperamental,

                3. Inclinaciones o propensiones naturales,

 

y afirma que "la naturaleza interior de cada persona posee características que los otros también poseen (específicas) y otras únicas de la persona (idiosin­cráticas).

 

                Para Klages la estructura del "caracter" es la siguiente:

 

                1.Afectividad: Excitabilidad personal de los sentimientos.

                2.Excitabilidad de la voluntad: Temperamento.

                3.Exteriorización natural. Sociabilidad.

 

                Por otra parte, Scheler clasificó los sentimien­tos en cuatro estratos:

 

                1. Sentimientos sensoriales.

                2. Sentimientos vitales.

                3. Sentimientos anímicos.

                4. Sentimientos espirituales.

 

                Klages al hablar de los instintos dice: "Los instintos son las condiciones previas y bases del carácter personal, en especial de su naturaleza, y en tal sentido se hallan incluidos los móviles. Los ins­tintos, como tales, corresponden sólo al carácter de una vitalidad y no al de un Yo personal".

 

                Es indudable la influencia de los caracteres he­redados en la formación de la personalidad. Con todo, las influencias de la herencia no siempre están por completo presentes en el nacimiento, sino que pueden surgir más tarde. El período prenatal tiene igualmente su importancia pues no se pueden dejar enteramente de lado las experiencias prenatales, paranatales y los primeros tiempos de la vida; las pruebas disponibles apoyan ciertamente el punto de vista genético-consti­tucional.

 

                Es de observación común que parece haber lactan­tes que nacen con una marcada intolerancia a la ansie­dad o a una intensa hipersensibilidad, lo cual difi­culta enormemente su desarrollo afectivo, físico y emocional.

 

                El crecimiento está guiado por funciones pro­pias. Es, además, en parte fortuito y en parte cir­cunstancial. Entre los factores azarosos o causales se incluyen aquellas disposiciones genéticas agrupadas bajo el término herencia que producen el temperamento, la motilidad, el físico y la inteligencia, todas con­diciones básicas de la personalidad (Allport).

 

                Respecto a los recién nacidos, Frances Ilg dice: "Aunque los recién nacidos, por supuesto, tengan una gran plasticidad y grandes facultades de aprendizaje, tienen límites fijados por leyes a su posibilidad de condicionamiento. Poseen rasgos y tendencias constitu­cionales, en su mayor parte innatas, que determinan cómo, qué y hasta cierto punto cuándo podrán apren­der. (...) Estudios de largo alcance, realizados en nuestra clínica, han demostrado que rasgos tales como las respuestas sociales, la prontitud en el sonreir, la confianza en sí mismo y la agilidad motriz tienden a manifestarse temprano y persisten en condiciones variables del medio. Cada niño ha nacido con un talan­te "natural" que colorea y estructura sus experien­cias".

 

                Son pocos los autores que definen o hablan de carácter y/o temperamento. La caracterología prácti­camente ha desaparecido; no se escriben muchos libros al respecto y sobre el temperamento sólo se indican algunas generalidades de pasada. Con todo, algunos autores han definido lo que es carácter y temperamen­to, si bien otros lo confunden. Ahora bien, esto no tiene una excesiva importancia porque los que se han ocupado de ambos términos y su contenido sostienen que carácter y temperamento están impregnados de un fuerte origen genético, hereditario, innato o constitucional.

 

                Así, el conocido psiquiatra Henry Ey define ca­rácter y temperamento como sigue: "Nuestro carácter es la resultante de una elaboración personal, de una cierta forma de reacción que, basándose en nuestro temperamento y nuestro biotipo, lo trasciende. (...) El carácter es la fisonomía original de la individua­lidad psíquica que constituye una especie de sistema lo bastante "invariable" como para identificar el estilo de reactividad  o los hábitos de cada uno".

 

                Para René Le Senne el carácter es "el núcleo o la primera capa fundamental de la personalidad que contiene las disposiciones fundamentales, recibidas por herencia, congénitas, que constituyen la subes­tructura somato-psicológica de una persona".

 

                Allport describe admirablemente lo que es el "Temperamento" en sentido parecido a las definiciones dadas para el carácter anteriormente: "El temperamento se refiere a los fenómenos característicos de la natu­raleza emocional de un individuo, incluyendo su sus­ceptibilidad a la estimulación emocional, su fuerza habitual y su velocidad de respuesta, la calidad de su talante prevaleciente y todas las peculiaridades de la fluctuación y la intensidad en su humor; se considera que esos fenómenos dependen de un arreglo constitucio­nal, de origen en gran parte hereditario." (Pattern and Growth in Personality, pág. 34). En otro lugar añade este autor que "la mayor parte de los factores propuestos por Guilford y Zimmermann se pueden incluir entre los síndromes de temperamento o entre los rasgos expresivos". Esto es altamente importante para la Gra­fología por el uso de tipologías cuaternarias y deri­vadas.

 

                Entre los constitucionalistas, Sheldon define el temperamento como la relación existente entre los aspectos genético-biológicos (morfogenotipos) y la conducta del hombre. Kretschmer define la constitución como "el conjunto de potencial activo de la personali­dad en forma de disposiciones, tendencias y determina­do tipo de reacción".

 

                En cuanto a la definición de personalidad, tanto Fromm como Allport incluyen el temperamento y sus con­tenidos; Fromm afirma: "la personalidad está consti­tuida de temperamento y carácter. El temperamento es la fundamental materia orgánica constitucional con que se nace. El carácter se forma mediante presiones e in­fluencias sociales, o sea, el carácter individual sur­ge ante todo de la constitución biológica innata del hombre". Allport dice: "el aprendizaje, tal como actúa sobre el instinto y la herencia, conduce así a la for­mación de estructuras más o menos estables entre las que hay que mencionar la conciencia moral, un concepto de sí mismo y una organización jerárquica de la perso­nalidad. Pero no ocurriría así a menos que estos estadios se hallaran también contenidos en nuestras naturalezas como posibilidades inherentes".

 

                Para terminar esta parte, presentamos la defini­ción de personalidad de Eysenck: "La personalidad es la suma total de los patrones conductuales presentes o potenciales del organismo, determinados por la heren­cia y el ambiente..."; define como patrones conductua­les los siguientes:

 

                1. El patrón cognitivo       (inteligencia)

                2. El patrón connativo       (carácter)

                3. El patrón afectivo        (temperamento)

                4. El patrón somático        (constitución).

 

                Amén de las definiciones de temperamento, carác­ter y personalidad traídas a colación, existe todavía la necesidad de la formación de los tipos temperamen­tales y de distinguir entre tipos y rasgos. Con todo, el rasgo también empieza con un sistema neurofísico (Allport). Cattell establece tres modalidades de rasgos con fuerte contenido temperamental:

 

                1.Rasgos cognoscitivos o de aptitud (aptitud para afrontar dificultades).

 

                2.Rasgos temperamentales (el "cómo" y "por qué" se mueve).

 

                3.Rasgos dinámicos (sentimientos e intereses).

 

                Para Gardner Murphy los rasgos son indicadores de la dinámica interdependencia de las partes orgáni­cas internas. Cabe decir de paso que este es de los pocos psicólogos americanos que en su obra habla de la grafología y su adecuada estructuración globalista respecto al atomismo.

 

                El "tipo" es un factor más general que el "ras­go" (o un conjunto de respuestas habituales). El "tipo" estaría formado por un conjunto de "rasgos" interdependientes y coherentes entre sí. También el "tipo" puede ser un modelo ideal, un patrón total de rasgos que se combinan de forma única y que se repiten con frecuencia tal como para justificar la utilización de una etiqueta o, como dice Kretschmer a los teóricos que rechazan los tipos, la asignación de una cifra o una letra.

 

                El "tipo" sintetiza una variedad de maneras de ser y actuar agrupadas alrededor de un factor agluti­nante, vector o "punto central". A fin de cuentas, las teorías factorialistas hacen de los rasgos y factores el fundamento de medición por escalas variables que sólo sirven para clasificar en tipos (extraversión, neuroticismo, rigidez, etc.) que corresponden a teo­rías clásicas de la personalidad. Wolfgang Klages en su libro El hombre sensible dice a este respecto: "Aun cuando haya de tomarse el término "tipo" con cierto sentido crítico, resulta indiscutible, reconociendo la individualidad personal de todo hombre, que determina­das peculiaridades y líneas caracterológicas, así como también modos de comportamiento fisiológico-cerebrales se dan en forma mucho más densa y marcada en un deter­minado grupo de seres humanos". Nótese aquí el concep­to de "comportamiento fisiológico-cerebral".

 

                La célebre psicoanalista K. Horney consideraba conveniente tener una tipología porque, decía, "ésta facilita el entendimiento de las cosas; puede catego­rizar conductas e identificarlas rápidamente". Bischof, hablando de K. Horney, dice: "quien lea la literatura de K. Horney quedará, probablemente, impre­sionado con la similitud que existe entre los tres tipos de conducta descubiertos por Sheldon y los tres métodos de reaccionar ante las personas. Hasta donde se sabe no hubo influencia directa de uno sobre otro".

 

                El elemento central que transmite la carga gené­tica heredada es el cerebro. Por tanto, las tipologías temperamentales tienen su asiento en el SNC, sin des­cartar el sistema hormonal y endocrino.

 

                El cerebro es el depositario de la personalidad. La determinante biogénetica es la combinación anatomo­fisiológica y bioquímica que gobierna las múltiples formas temperamentales que asume la personalidad. Nin­gún hombre puede evadir los límites impuestos por la base de la información genética y las condiciones neurofisiológicas y neuroendocrinas.

 

                No es posible encontrar dos cerebros humanos genéticamente semejantes (excepción hecha de los cerebros gemelos verdaderos o univitelinos). Esta disparidad genética explica la diversidad de reaccio­nes de los individuos, aun cuando son inducidos por los mismos estímulos.

 

                El hipotálamo es el centro principal en el que los diferentes componentes de la emoción están organi­zados en patrones definidos. El hipotálamo recibe las incitaciones del mundo exterior, así como las influen­cias corticales regulando

 

                          a) El metabolismo somático

                          b) La sensibilidad emocional

c) La coordinación de la ritmicidad biológi­ca.

 

                Un transtorno en alguna de las tres áreas reper­cute en las demás. El hipotálamo es, pues, la estruc­tura focal organizadora de la conducta emocional.

 

                El "locus cerouleus" es el responsable del sis­tema de alarma, miedo y ansiedad; recibe importante información del sistema reticular de los núcleos sensoriales y de las neuronas sensitivas del dolor y envía, asimismo, información al sistema límbico del córtex cerebral (Redmond, 1977). Las personas que presentan crisis de ansiedad presentan alteraciones en el sistema límbico por afección de la transmisión ner­viosa a través del neurotransmisor, especialmente el ácido GABA. La disminución de la excitabilidad y el aumento de la inhibición aumenta la eficacia del córtex. Por otra parte, la inhibición de la actividad cortical libera los centros inferiores de dicho con­trol, manifestándose una excitabilidad aumentada y una disminución de la inhibición.

 

                Es indudable que Labroso exageró, pero las prue­bas se están acumulando en el sentido de que el crimen cuenta con factores constitucionales (Cattell).

 

                También con referencia a las neurosis se han hallado determinados paralelismos hereditarios: Slateter y Eysenck llegan a un "retrato fisiológico" del neurótico que pone en evidencia una "especie de insuficiencia energética general" y añaden: "Si no existe un biotipo predisponente a la neurosis, por el contrario, se halla en los neuróticos un cierto número de rasgos fisiológicos". Eysenck, midiendo el compo­nente neurórico general, ha encontrado una concordan­cia del 90% en los gemelos idénticos contra un 50% en los gemelos fraternos. Cattell, con datos americanos, lo mismo que Eysenck, demuestra que existe un origen genético del 30 al 40% en el neuroticismo o debilidad del Yo.

 

                La conexión entre "emotividad", como variable de la personalidad de origen constitucional, y la tenden­cia al neuroticismo, ya fue vislumbrada por Whytt en 1765 como "desórdenes debidos a una sensibilidad desacostumbrada, no natural de los nervios que, en personas con una constitución sana  no tenían ningún efecto. Teplov ha efectuado trabajos sobre la dimen­sión de la personalidad de Pavlov "sistema nervioso fuerte en oposición al débil": a) El sistema nervioso débil es más sensitivo y menos estable y más excitable que el fuerte; b) El sistema nervioso fuerte actúa como si moderara los estímulos, mientras que el siste­ma nervioso débil actúa como si los amplificara.

 

                También la introversión y la extraversión han sido estudiadas desde el punto de vista temperamental o fisiológico. Eysenck opina que las pruebas sugieren una notable firmeza que algo así como un 50% de las diferencias individuales en neuroticismo y extraver­sión, tal como se miden en los tests descriptivos corrientes, es explicable en términos de influencia hereditarios. En los otros tipos de tests que no son cuestionarios, donde se puede suponer que la conducta fenotípica está más estrechamente relacionada con la determinación genotípica, esta proporción puede llegar al 75%. Las frecuencias altas de EEG están relaciona­das con la introversión. La extraversión que resulta de una inhibición cortical elevada daría lugar a una amplitud del ritmo alfa significativamente más elevada que la registrada en introvertidos cuya inhibición cortical es baja (Savage, 1964). Si la inhibición reactiva se desarrolla rápidamente, se generan fuertes inhibiciones reactivas que se disipan lentamente, desarrollando patrones de conducta extravertida. Cuan­do la inhibición reactiva se genera lentamente, se producen inhibiciones reactivas débiles que se disipan rápidamente, desarrollando conductas introvertidas o distímicas.

 

                Gottesman (1963) administró a 34 gemelos idénti­cos y 34 fraternos el MMPI y el High School Personali­ty Quiz de Cattell y utilizó medidas diferentes, como contar los surcos de las huellas dactilares, fotogra­fías y tipos de sangre y logró analizar factorialmente un factor de segundo orden de intro-extroversión que podría considerarse como una sustentación de las conclusiones de Eysenck con respecto a la heredabili­dad de los factores.

 

                Sheldon, asimismo, correlaciona tipo y rasgos principales de la psicología constitucional entre 0.79 y 0.83.

 

                Las perturbaciones hereditarias no son necesa­riamente hereditarias en todos los casos, sino que dan lugar a una predisposición a perturbaciones parecidas, más o menos diferenciadas. La heredabilidad no signi­fica inmutabilidad, pues si un rasgo es heredable, éste sigue siendo modificable por medio de la inter­vención ambiental, si bien incluso el medio y las normas culturales pueden reforzar lo biológico. Sin embargo, es todavía difícil conocer cómo se entrelazan herencia y ambiente, o se limitan recíprocamente (H. Ey). Un carácter psicológico se construye en un proce­so de epigenesis, que aun dependiendo del hecho gené­tico, hace intervenir las relaciones con el medio. De todas formas, no es el medio que nos define o aporta nuestra personalidad, sino nuestros genes.

 

                El premio Nobel James Watson afirma que la lec­tura del genoma humano o mapa genético completo permi­tirá, al menos, hallar las causas de enfermedades men­tales como la esquizofrenia, las depresiones y el mal de Alzheimer y gran parte de otras 3.500 enfermedades consideradas como hereditarias. Es evidente que tal avance genético no sólo permitirá comprobar lo que ya se tenía por evidente, sino ampliar mucho más el cono­cimiento de la personalidad psíquica heredada.

 

                El objetivo de este artículo es el de resucitar el término temperamento o el de carácter con el mismo sentido, ya que ha sido injustamente abandonado en pro de un término totalitario como es el de personalidad y que, frecuentemente, como hemos visto, resulta también excluyente, por parte del conductismo por ejemplo. Asimismo, hemos querido enfatizar la importancia de lo innato en el individuo y la necesidad de revalorizar las tipologías clásicas y modernas, tanto las mitoló­gicas o humorales como las psicológicas y clínicas en su aplicación en las técnicas grafológicas.

 

                El manejo adecuado de las tipologías provee una forma de interpretación "holística", globalísta y guestáltica del grafismo y viene a ser equivalente a las llamadas "síntesis de orientación interpretativa" de la grafología franco-alemana, sin que ello signifi­que que puedan ser sustituidas.

 

                El polifacético y erudito máximo de la Grafolo­gía, principalmente en el conocimiento profundo de la bibliografía mundial y autor de notables libros de estudio de la personalidad de músicos, literatos y poetas diversos, así como de una, diríamos, monumental obra biográfica básicamente psicoanalítica y caracte­rológica sobre Adam Mickiewicz (el poeta nacional po­laco), el Prof. Jean-Charles Gille-Maisani, que tam­bién es profesor de alta matemática para ingenieros en la Universidad Laval de Quebec y licenciado en psi­quiatría, dice en su libro Psychologie de l'écriture, 2ª edición refundida, pág. 8, nota 2: "...Las catego­rías tipológicas, por lo contrario, no son, en forma general, preconizadas en la ensenñanza oficial de la psicología, lo cual nos permitirá lamentar, pues, efectivamente, las tipologías convenientemente maneja­das constituyen una herramienta incomparable por su ductilidad y eficacia en la práctica de la psicología diferencial". El Prof. Gille lo ha demostrado en un gran número de aplicaciones con éxito y acierto incon­testables.

 

                La Grafología no sólo permite estudiar y detec­tar las tipologías y sus combinaciones en la escri­tura, sino que permite obtener "complejos de signos", creando los más variados tipos que surgen exclusiva­mente de la combinación de signos por pura lógica grafológica, por lo que sin despreciar ningún recurso psicológico, tipológico o caracterológico suscribimos también las siguientes palabras del notable grafólogo alemán Heinrich Pfanne: "...para poder interpretar correctamente un signo, es indispensable el haber re­conocido de antemano los grupos o complejos de signos del que forma parte, los cuales, sin anticipar su significado preciso, indican ya la dirección general de la interpretación (...). De todas formas, un com­plejo gráfico debe poder obtenerse sin consideraciones psicológicas, o sea, a partir de la tabla gráfica" (sic).

 

                Una excelente exposición de las tipologías y su manejo para estudiar la escritura a través del uso de ordenadores podrá hallarse en el Manual de Grafoanáli­sis, de Augusto Vels, de inminente aparición. Este método, amén de explicar magistralmente la dinámica interna de cada tipología permite obtener unos paráme­tros básicos cuantificados de la personalidad.

 

                Esperamos haber contribuido modestamente a "sa­ber" el prestigio de las tipologías temperamentales y caracterológicas con todo lo expuesto y seguir la trayectoria de Paul Carton, Periot, Brosson, Gille y Vels en este sentido y de otros tantos que no podemos olvidar.

 

                                         

 

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