Master en Grafística, Grafopatología y Grafología Forense de la Universitat Autònoma de Barcelona

 

 

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LA EVOLUCIÓN ACTUAL DE LA ESCRITURA FEMENINA

                                                                                 

 

                                                                                                         J. TUTUSAUS

BOLETÍN NÚMERO 10, Primer semestre 1993

 

            Es actualmente muy frecuente la aparición de grafismos femeninos, de un 15 a un 18% aproximadamente, consistentes típicamente en grandes curvas redondas, óvalos importantes (aplanados, inflados y/o sinixtrógiros en su cierre o enlace), zona media predominante, regresiones frecuentes, espaciamiento compacto entre letras, etc., y generalmente acompañados de arcadas o guirnaldas bucladas, inclinación vertical o invertida, jambas atro­fiadas, vocales confundidas ("a" en "e", por ejemplo), formas a veces rebus­cadas y coligamentos en meandros (ver primera muestra expuesta), etc.

 

            Este tipo de escritura corresponde generalmente a féminas que osci­lan entre los 16 y 30 años, observándose distintos grados de intensidad, combinación y positivación de las características expuestas. Es, sin duda, una evolución gráfica propia de los tiempos y circunstancias actuales, como lo es la escritura tipográfica, tan frecuente, los acerados verticales en la zona media e inferior y el punto en circulito en la letra "i". El grafólogo no pue­de ser ajeno a estos cambios ni a las posibles causas de tipo sociológico diver­sas. La grafología es la misma en sus leyes y principios, pero las interpreta­ciones irán evolucionando a medida de los cambios psicosociales y el progre­so de la psicología en la utilización de nuevos términos para describir la personalidad humana.        

 

1. Óvalos redondos

 

            Los óvalos perfectamente redondos son expresión de un movimien­to envolvente, de una reserva de energía dinámica administrada con autodomi­nio y autonomía respecto al medio (Monique Rilay). La absoluta carencia de aristas y ángulos indica: ductilidad mental, cierta insensibilidad periférica a las ofensa, así como una "elusión de la decisión" (Bender); el sujeto no sien­te repugnancia excesiva por hechos, ideas, personas o cosas. Para Eva Crotti se trata de una "extraversión pasiva" y para Moretti, a veces, una "bondad inactiva", o sea que el sujeto no se enfrenta a los objetos y da una importan­cia excesiva al mundo exterior (percepción de sensaciones múltiples), per­diendo la propia identidad.

 

2. Óvalos aplanados, generalmente grandes

 

            Este tipo de óvalos suelen, asimismo, estar cerrados en un gesto de retorno hacia la izquierda. Son la expresión de dependencia del entorno por filación materna, de ahí las demandas afectivas inmoderadas, no correspondi­das a causa de carencias afectivas que se compensan con exigencias y capri­chos y se acompañan de inhibiciones expansivas y preocupaciones narcísicas; a saber, preocupaciones por el cuerpo con fuerte coloración sexual que en­cierran, a la vez, un deseo de contacto intenso.

 

            En la esfera intelectiva, se observa un excesivo entretenimiento en las elaboraciones mentales que dan lugar a una fantasía que desfigura la rea­lidad y desequilibra la objetividad (Marchesan) o una "omnipotencia de las ideas" (Gille) por vivir en un mundo imaginario que, de consiguiente, difi­culta la adaptación.

 

3. Óvalos grandes

 

            San Juan Crisóstomo decía: "es por el aumento de lo vacío que el espíritu se materializa". Se trata, pues, de un sentimiento de vacuidad que exige ser llenado, de ahí el deseo imperioso de reconocimiento (M. Riley) a causa de un narcisismo insatisfecho y una no menos notable avidez oral. P. Faideau valora los óvalos grandes y plenos según sea el espaciamiento interpalabras en que se hallen: así, en una página compacta equivale a "exal­tación de todos los deseos afectivos, corporales, etc.". En página aireada equivale a "materialismo y desprendimiento al mismo tiempo". Por ello exis­te cierta ambivalencia en conciliar los contrarios mediante el equilibrio.

 

            Para A. Vels (remitimos al lector al número anterior de este Boletín sobre un artículo dedicado a la "típica escritura femenina redondeada"), la inflación de los óvalos es "la inflación de la conciencia desiderativa... el desbordamiento de las exigencias del sentimiento, un tanto ingenuas".

 

            Es muy importante tener en cuenta que esta manifestación gráfica va muy ligada en muchos casos con los trastornos de nutrición (bulimia, ano­­rexia, etc.), máxime cuando va unida a escrituras tales como "adosada", "ani­llada", "óvalos cerrados o abiertos a la izquierda", "inflada", así como a "ítems infantiles" (Ajurriaguera, Gobineau-Perron y Crépieux-Jamin).

 

            Los óvalos grandes (que a veces denominamos "orales") indican, de consiguiente, sobreprotección, exceso de mimo, sensorialidad y materialis­mo.

 

4. Escritura "inflada"

 

            Indica una necesidad de un "vacío a llenar", de ahí la vanidad = va­cuidad o el deseo de aprobación constante y de que se considere al sujeto como dotado de condiciones excepcionales. Su avidez no es nunca colmada por la constante atención de los demás. El sujeto busca más la admiración que el afecto.

 

5. Escritura "grande"

 

            Expresa un sentimiento de carencia que se compensa mediante el narcisismo físico como forma de hallar la confianza en sí mismo.

 

6. Óvalos grandes + inflada + grande = escritura "en superficies"

 

            Lo que los grafólogos franceses denominan escritura "a superficies", los grafólogos alemanes lo indican mediante la "prevalencia de la forma".

 

            Las escrituras "en superficies" se producen en el 68% de niñas de 11 años. Este tipo de escritura implica la ausencia prevalente de palotes fir­mes, prolongados o, en otras palabras, la inexistencia de rectas o ángulos por el predominio de la afectividad sobre el razonamiento, de ahí la identifi­cación confusa o ambivalencia entre femineidad y afirmación, la expresión de de­manda de afecto insatisfecha acompañada del sentimiento difuso de pri­vación y la participación corporal permanente (confort, sensorialidad, etc.). Si la escritura es "ligera", la incompletud es de origen oral por supervivencia de elementos infantiles (retraso afectivo) con posibilidad de reaccionar mal ante las frustraciones y decepciones. Es, asimismo, indicación de inmadurez.

 

            Para Gobineau-Perron, la escritura "en superficies" es una "supervi­vencia infantil" muy frecuente en los pitiáticos y los "retardados afectivos". En los normales, se halla, a veces, en artistas implicando algunas manifesta­ciones de carácter "espectacular". Si la escritura es pequeña y "a superfi­cies", la timidez y el "retraso afectivo" pueden ser las dominantes caracte­ria­les más evidentes. Si la exageración de superficies se da en los bucles de las jambas, hay que pensar en una inadaptación sexual frecuente en los pitiáti­cos.

 

            La escritura "en superficies" positivada mediante una presión firme, la conectividad y la constricción (adosada, buclada) expresa: inteligencia concreta, amor al confort, vida sexual liberada, necesidad de ocupar y rei­vindicar lo que sus necesidades requieren en una sociedad de consumo, nece­sidad de libertad y pragmatismo unido a la abstracción.

 

            Son personas realistas en un mundo en el que conocen las reglas de juego, en el que nadie se "da" por nada y "busca lo suyo". Son aptas para profesiones modernas pluridisciplinarias, tales como el comercio, la publici­dad, la comunicación y las relaciones públicas.

 

            No obstante, privados de condiciones favorables (seguridad, comodi­dad y estima) pueden manifestar egoísmo, agresividad y ciclotimia.

 

7. Escritura buclada, anillada, doble cierre, etc.

 

            Para Dettweiler, la escritura anillada es expresión de "agresividad oral oculta tras una amabilidad calculada". Es, asimismo, la expresión de una avidez afectiva y social importante, de ahí la necesidad de protegerse mediante el cálculo, de alguna eventual fragilidad o problema que aprisiona al sujeto. Según Gille, corresponde a un tipo "sentimiento-percepción" de Jung. Es un carácter manipulador para imponer su acción.

 

            Estos signos son, quizás, más frecuentes en la mujer y quizás se deben, en parte, a lo que indicaba P. J. Moebius: "La astucia se apoya en el disimulo. La mujer disimula instintivamente debido a su rol sexual. Su fin de hacerse deseable debe permanecer oculto. Por tanto, callará todo cuanto pueda ser adverso a la opinión de los demás".

 

            Quien escribe de esta forma asimila activamente, mediante un proce­so reflexivo y un sentido práctico relacional, las aportaciones del exterior con miras a reducir la espontaneidad para sacar provecho de las ventajas o inconvenientes en un mundo en el que hay que ser cauto.

 

8. Escritura "adosada"

 

            La escritura "adosada" consiste en que muchas letras están muy cer­canas, "tocándose" entre sí.

 

            Es una manifestación gráfica contraria al sentido social, la generosi­dad o la consideración liberal hacia los demás. Es, más bien, una actitud defensiva a la vez que egoísta, así como una preocupación exagerada de per­der un bien en peligro. El sujeto carece de la suficiente seguridad para co­mu­nicar lo que piensa o siente. Expresa, asimismo, una preocupación exage­rada respecto a sus exigencias psico-físicas.

 

            A. Vels indica, además: "temor a despegarse de la seguridad fami­liar", "apego inconsciente a algo o a alguien en contraposición a su incons­ciente que se rebela contra la sumisión".

 

9. Predominio de la zona media

 

            El predominio de la zona media en el tipo de escrituras que estamos comentando, que podríamos llamar "orales", tienen unas connotaciones que giran alrededor de una misma constelación:

 

            Zona media grande

 

. Intereses más personales que generales.

. Dependencia pasiva del estadio oral.

. Concentración en el presente con problemas que todavía no se pueden afrontar y resolver.

. Dificultades para proyectarse en un rol profesional preci­so por hallarse en un estadio evolutivo en el que el pensamien­to bascula de un lado para otro.

. Excesiva relación consigo mismo.

 

            Zona media pequeña

 

. Falta de ambición y lucha.

. Renunciamiento en pro de la tranquilidad y vida interior.

. Sobriedad.

 

            Todas las categorías gráficas descritas suelen ir en cortejo en este tipo peculiar de escritura femenina tan frecuente, que es, en síntesis, la pro­pia de la marca de un narcisismo mejor o peor asimilado y de la oralidad, siendo frecuentes los trastornos de nutrición si van acompañados de empal­mes, torsiones, laxitud o rigidez, suturas, etc. También en muchos casos de anorexia y bulimia aparece la "R" mayúscula en medio de palabra, según algu­nos como la señal "de deseo de poder del pequeño Rey".

 

            La anorexia puede ser la respuesta a una contrariedad o a una nega­ción de un capricho, generalmente por la madre superprotectora, como for­ma de dominarla. También puede ser la negación de los cambios puberales (negación inconsciente de la sexualidad, etc.).

 

            La bulimia es una regresión al estadio "oral" como reacción contra la angustia y las frustraciones afectivas o sexuales. La bulimia puede ser el paso a un acto desesperado o al recurso del suicidio...

 

            La oralidad bien vivida puede ser un factor de dinamismo, entusias­mo, contactos calurosos, a veces invasores, y la necesidad de ejercer autori­dad (generalmente con escritura nutrida, firme, barras "t" normales y presio­nadas).

 

            La oralidad, el narcisismo y el histrionismo suelen ir muchas veces juntos en muchos contextos gráficos y, en concreto, en el tipo de escritura que estamos estudiando. Se mezclan rasgos de sobreestimación del yo, afán de seducir, ambición ilimitada, caprichosidad imprevisible, excesivas exigen­cias de confort y gasto, así como el paso constante del sentimiento de "estar demasiado lleno" al de "estar demasiado vacío" (Jean Melon).

 

            El complejo fenómeno gráfico de este trabajo se debe a un conjunto de circunstancias muy de hoy en día, tales como:

 

                a)El hedonismo imperante con la búsqueda constante del pla­cer y del cuidado del cuerpo.

 

                b)La conciencia de libertad e independencia que no se sabe como manejar, así como la invasión femenina de los secula­res dominios del hombre.

 

                c)La educación permisiva, así como la hiperprotección que no favorece la madurez y sí una relación con los demás insoli­daria con propósitos egocéntricos, sin poder dejar de contar con ellos.

 

                d)El materialismo consumista que impulsa hacia los únicos valores de lo físico y lo económico.

 

                e)La despersonalización que origina la publicidad agresiva y engañosa que impone un comportamiento narcísico, miméti­co, desperjudiciado e individualista, así como una forma de vivir estándar.

 

                f)La pérdida de valores y convicciones y la falta de ejemplos y referentes que emular o conseguir.

 

            En resumen, las libertades precoces, la mala educación, la búsqueda de lo material a cualquier precio, el rechazo del sacrificio y el relajamiento de las llamadas "virtudes cristianas" han sustituido el aprendizaje disciplina­do, las buenas maneras, el cultivo de las cualidades personales, la ambición de metas nobles y el seguimiento de ejemplos de perfección.

 

            Ciertamente, se observa una declinación de la energía y la activi­dad, el aumento del deseo de llamar la atención, así como el incremento de la superficialidad y la mentira en sus diversas manifestaciones.

 

            No todo es tan negativo y también se observa un incremento de la capacidad para el diálogo y el sentimiento de la realidad a causa del predo­minio del Anima junguiana.

 

            Recogemos el patético testimonio de una joven italiana, Manuela, de 21 años, que se ahorcó en un retrete de la estación romana de Tiburtina en el pasado mes de junio y que nos puede mover a serias reflexiones. Dejó un escrito del que extraemos algunos párrafos un tanto elocuentes que indican la inseguridad derivada de la superprotección paterna de una joven bonita, inteligente y simpática, y buena estudiante de derecho, de una apacible fami­lia a la quería, así como también a su novio...

 

            "Sólo puedo deciros que me habéis dado lo necesario y lo superfluo, pero no indispensable. Estoy buscando el modo de deciros que habríais debi­do preocuparos un poco menos de cuánto comía y mucho más de mi vida, de mis carencias, de mi desgana, de mi melancolía, de mis problemas, de mis deseos, de mis sentimientos y de mis desilusiones... No me habéis ense­ñado cosas que no se puede no saber o no saber hacer; no me habéis dicho ni transmitido nada útil; nunca me habéis aconsejado, orientado... Creo que haber sido mimada e hiperprotegida de todo lo que se refiere al mundo real es tan negativo como ser poco amado... He pasado 21 años sin vivir... Ten­go 21 años pero la misma madurez, independencia y experiencia de la vida de una niña de seis años... No he vivido personalmente nada que formase parte de la realidad... Todo esto, mamá y papá, sólo parcialmente ha depen­dido de vosotros. En la mayor parte de los casos ha dependido de la suerte y, con frecuencia, de la falta de personas que no he conocido, de la lejanía o ausencia de figuras esenciales, de la presencia de modelos negativos... No pretendo vuestro perdón, ni el de Dios, ni ningún otro. Sé perfectamente cuán grave es lo que voy a hacer...".

 

            La reacción de Manuela es la desesperada rebelión de quien no com­prende ni es comprendida. Siente la sociedad como confusa, vacua y arbitra­ria. Es la declinación de una juventud dañada a la que no basta el éxito ni el dinero por no aceptar el amor sustitutivo de la familia ni aquél que mueve el sol y las estrellas.

 

            (Ver el artículo de A. Vels aparecido en el Boletín nº 9, "La escri­tura de la juventud actual").

 

 

Agrupación de Grafoanalistas Consultivos de España.- asociación profesional de grafología miembro de pleno derecho de la ADEG

 

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