BAUDELAIRE, EL POETA MALDITO
(Bol. 12
AGC)
por JOSÉ M. ESCOLÁ
Al enfrentarnos con la psicología y la escritura del
genial poeta, podemos resaltar dos rasgos ambivalentes de su personalidad: su
poderosa instintividad, de una parte, y su lúcida y brillante inteligencia, de
otra. Ello puede evocarnos la imagen de un caballo salvaje cuyas riendas están
firmemente sujetas por su jinete.
De la tensión entre esta ambivalencia, nació una obra
intensa y desgarrada, de alto valor testimonial.
Si examinamos la escritura de Baudelaire con sólo 13 años[1],
no podemos dejar de sorprendernos ante la precocidad con que afloran de forma
contundente los rasgos de su personalidad. En efecto, observamos un importante
desarrollo de las jambas que, unidas a la decidida inclinación de la escritura,
testimonian la emergencia de una pasionalidad arrolladora.
Esta amplitud de la zona inferior, anuncia ya la
"voluptuosidad" de su poesía, que es una constante de su obra. No
obstante, esta voluptuosidad va asociada, en este caso, a la inclinación que el
poeta sentía por lo demoníaco (recuérdese que fue el "poeta maldito"
de su época).
Siguiendo con la escritura de esta época, fijémonos en
esa "s" minúscula aumentada de tamaño, angulosa y estrechada, que da
idea de su arrogancia exaltada, la cual moviliza la voluntad, y en los finales
en forma de "rizo de la petulancia", que añaden el matiz de una
actitud desdeñosa y fanfarrona, que nace de la necesidad de demostrar a los
demás su superioridad.
Y como contrapunto a todo ello, el notable enroscamiento
sinistrógiro de la "d" minúscula, que ya resulta sistemático a los
16 años, permitiéndonos descubrir la fuerza de sus intensas emociones
nostálgicas de la niñez y de su aferramiento a la madre.
Pero al propio tiempo, esta "d" nos sugiere las
dotes literarias de Baudelaire. No olvidemos que desde muy joven sabe
perfectamente lo que desea hacer en la vida, manifestando abiertamente que
quiere ser "escritor y poeta". En este sentido, debemos referirnos
nuevamente a esas jambas desarrolladas, que incluyen la de la "J"
mayúscula, con lo que deducimos que sus fuertes deseos de afianzar su
personalidad desde el punto de vista material se socializan profesionalmente,
apoyándose en su capacidad creativa.
Pero intentemos profundizar en la compleja psicología del
poeta, y para ello nos serviremos de una de las "nuevas" tipologías
planetarias (aunque nada hay nuevo bajo el Sol).
Esta aportación puede dar un nuevo enfoque a la
interpretación de los rasgos gráficos.
Me refiero en concreto a la aplicación de la escritura
del tipo Plutón al caso que nos
ocupa, cuyas características expone Ana
María Simond, en su libro La Graphologie Planetaire de forma
clara y sistemática.
En efecto, observemos la escritura del poeta cuando
contaba 38 años, es decir, en plena madurez. Es una escritura "noire"
y al propio tiempo observamos una fuerte tensión en su ritmo de movimiento.
Esta tensión se descarga de forma abrupta en los finales horizontales y en las
barras de "t".
Veamos ahora el enorme desarrollo de la "s",
gesto-tipo de primer orden, ¡que ya aparece en su escritura de los 13 años!
Podríamos preguntarnos ahora qué características tiene
esta "s" y los demás elementos de la escritura, que resulten
coincidentes con los rasgos de Plutón.
Pues bien, cito un extracto del libro de Ana
María Simond: "Importante potencial de agresividad que puede
volverse contra sí mismo, con la consiguiente angustia y sentimiento de culpa.
Voluntad de poder que se traduce en posesividad egoísta. Sobrevaloración de la
virilidad. Rapacidad".
Y retomando ahora el simbolismo de Roseline Crépy, observamos que atribuye
a la inflación de la "s", la conciencia autoestimativa, la
potencia viril y las inclinaciones materiales, esto último a causa del poder
que puede procurar el dinero.
Pero es que detrás de esta exagerada valoración de sí
mismo a través del dinero, planea el fantasma de la inconsolable soledad
afectiva del poeta. Y es que cuando existen fuertes pulsiones instintivas, como
es el caso, y por otra parte observamos un fuerte trauma (el complejo de
Edipo), es lógico que la expresión de aquéllas sea inadecuada y exagerada.
Es evidente que sólo el talento literario salvó a
Baudelaire de la desesperación. Su implacable sentido crítico (la importante
componente Mercurio, observable
en la agilidad de las combinaciones y en las desigualdades) es la base de su
creatividad.
En realidad, la importancia de la zona inferior es una
constante en la escritura de Baudelaire. En su adolescencia y su juventud, la
afirmación de las jambas le conduce por el sendero del instinto, del que extrae
sus intensas experiencias y su conocimiento del mundo y, en su madurez, este
retroceso sinistrógiro de las "s", unido a unas jambas en pinza, nos
sugiere la entrega ferviente a su obra creadora y al propio tiempo la avidez
inconsolable de sus reivindicaciones siempre insatisfechas.
[1] Los especímenes de escrituras están tomados de la
publicación del Profesor Gille.
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